Observar en Nahuelbuta


Recostado sobre la Piedra del Águila en Nahuelbuta. Es verano, siendo
las 11 de la noche está muy obscuro. Una brisa fría -el frío es un detalle- obliga a estar con manta y gorro. Pienso que entre las ventajas de vivir en Nahuelbuta, está poder visitar en pocos minutos
lugares solitarios y asombrosos. Cascadas, saltillos, pantanos, lagunas, ríos, esteros o piedras grandes que pueden alcanzar por si solas alturas sobre 30 metros.

Por nombrar algunas piedras: Piedra del Águila por las aves que allí habitan y recorren, Casa Piedra por la forma doméstica que adquirió la unión de tres piedras grandes, Chenkura piedra sagrada que demarca ciertos territorios, Piedra Santa milagrosa y divina, Piedra del Yepo o lo que queda de ella por haber sido dinamitada para ampliar unos pocos centímetros el camino. Desde la cima de las piedras se puede observar en noches despejadas y sin luna, las estrellas y constelaciones presentes en la gran pantalla del universo.

Quienes habitamos en valles como Angol, Los Sauces, Purén, Lumaco o Traiguén, estamos rodeados de cadenas de cerros. Son cerros culebreros, que antiguamente servían para demarcar lugares de uso de recursos. Cerros ondulantes desde donde nace la luna gigante, que empequeñece al caminar y retoma su gran forma al ocultarse.

Tantas estrellas se ven en el universo, que al estar mirándolas sientes que puedes tocarlas. Los invito a alejarse un rato de la ciudad a OBSERVAR, fuera del cerco de luces que encarcela y enceguece a sus habitantes.

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